miércoles, 14 de marzo de 2007

REFLEXION: Vivir sin recetas

El hombre, seducido por la interminable búsqueda de la felicidad existencial, o tal vez impulsado por su instintiva condición de ponerle interrogantes al simple hecho de estar vivo, ha querido desde siempre dotar de una sutil razón a su existencia. O quién no se ha preguntado alguna vez: ¿Hacia dónde vamos?.
Cómo querer romper de un débil golpe aquel eterno cristal que nos envuelve en la ineludible mediocridad humana, que nos azota y nos pone de rodillas, a merced de la arrogancia del destino, del azar. Qué difícil es, de pronto, seguir lidiando con la vulgaridad que nos impone la rutina, siempre sometidos a los prejuicios de una sociedad superficial y despojada de sus valores fundamentales. A todo esto, solo resulta simple hallar respuestas poco coherentes o conclusiones a medio terminar; sencillamente vamos al encuentro de nuestra gran ignorancia, como quien desciende accidentalmente al más oscuro de los abismos; y acabamos, a fin de cuentas, sabiéndonos tan lejos de nuestro pedacito de paraíso perdido, tan cerca de esta pesadilla intermitente que algunos llaman vida, este castigo omnipresente que todos ganamos pecando de ambiciosos.
Desde mi enfoque, y sin querer dejar en ridículo opiniones ajenas (por más egocéntricas o necias que le hayan sentado a mi subjetividad), apunto sin el menor balbuceo a lo imposible de construir con palabras un rígido puente universal hacia el verdadero sentido de la vida; muy a pesar de unos tantos oportunistas que van rentando borradores con fórmulas baratas, pretendiendo cazar almas desesperadas. Confío en encender -con sacrificio y libertad intelectual - la genuina llama de la esperanza, vislumbrar el sagrado escondite de mis armas secretas, conocer a fondo las claves de esta vida que solo a mí me pertenece, y que debo aprender a compartir con quienes realmente están a mi lado. Estarán, hasta que la cruda mortalidad decida escribir una página más entre otras tantas - páginas llenas de impotencia, triste y repetida historia de aquellos que parten lejos de aquí para nunca regresar -. Quizá se trate tan solo de no desesperar; más bien de soltar la insoportable mochila de nuestro pasado y vivir en base a nuestra propia energía interior; la fuerza del corazón, del amor. Tal vez encontrándonos a nosotros mismos aprendamos a no alinearnos estúpidamente a estilos de vida ajenos: “vivir el día a día sin atender a los problemas del mañana” o “planificar hoy nuestro porvenir para poder vivir en paz en el futuro” son frases y nada más que inútiles frases creadas por algún hombre del montón; que no hacen más que encasillarnos a todos dentro de la infelicidad total, ahogada desesperación por alcanzar objetivos de vida humanamente imposibles, fríos teoremas sin aplicación práctica. Probablemente solo debemos aprender a mirar hacia nuestro interior: para poder abrir nuestros corazones; para darnos cuenta de una vez por todas que solo nosotros somos capaces de comprender nuestra existencia; para vivir sin recetas.

lunes, 22 de enero de 2007

RELEXIÓN: La noche.

Me encuentro recostado inmóvil sobre mi cama; a mi lado solo el ajetreado andar del ventilador intenta sin suerte romper este silencio; un postigo casualmente entreabierto de la ventana que da hacia la galería, deja filtrar la cálida brisa estival. Nada de eso logra inmutarme demasiado, ni siquiera los estremecedores maullidos felinos provenientes de algún pleito circundante.
Estoy ensimismado, sumido en un mar de pensamientos y palabras; hoy la bandera de mi fe está a media asta y me siento más lejos que nunca de aquella libertad tan ansiada. ¿Cómo puede un hombre ser esclavo de su propia conciencia?; retorno una y mil veces al punto y no consigo despejar las ideas; los incesantes vaivenes del recuerdo se pierden entre la redundancia de mi reflexión y solo llego tristemente a la sumisa conclusión de siempre: “puede que exista de algún modo aquel sendero viable hacia la verdad en esencia; aún así no me caben dudas de que trasciende los límites de la cordura, más no me interesa intentar atravesarlo de ninguna manera. Creo encontrar únicamente en el olvido la sana y legítima cura a todas las enfermedades del alma”.
Luego inclino mi cabeza hacia atrás, al tiempo que exhalo un largo y contenido suspiro de alivio, como quién siente haber cumplido con su deber. La luna –embriagada de melancolía- se rinde a los pies de los mas ínfimos rayos de sol naciente y yo, casi inconscientemente, volteo dándole la espalda a aquel nuevo día, invadido por una profunda somnolencia.
Sé que mañana, en uno de mis tantos idas y vueltas por el empedrado boulevard de la vida, algo me conmoverá quien sabe por qué; y para entonces sabré que cuando el sol se recueste sobre los matices del ocaso, llegará la noche dispuesta a ponerle fin a los agónicos clamores del espíritu. Solo ella, compañera de interminables desvelos, es capaz de llenarme de paz interior.



NOTA: El nombre del Blog surgió, en principio, a base de este texto. ¡Saludos!

Mis primeras líneas.

¡Hola a todos!. Tal cual lo dice el título, estas son mis primeras líneas y con ellas pretendo, entre otros propósitos tan implícitos como esenciales, hacerles llegar a ustedes los principales motivos por los cuales hoy me encuentro creando este nuevo espacio de difusión.
Fundamentalmente, fue porque de la noche a la mañana me sentí capaz de plasmar públicamente algunas ideas: esas que de a momentos encuentran fugaz reparo en mis pensamientos y después, sin pena ni gloria, se disipan entre los lapidarios muros del olvido sin dejar rastros. Quizás sea también porque creo que es el momento preciso para que salgan a la luz de una vez por todas aquellos viejos manuscritos, que yacen ansiosos entre la polvareda de algún cajón en desuso, o dispersos en algún recoveco perdido de la casa. Desde mi humilde lugar, solo trato de transmitirles a ustedes con miles de palabras lo que probablemente cualquiera puede expresar día a día soltando una ronrisa, o echando una mirada. Y más alla de lo que intente decirles, siempre sostendré a la simpleza como instrumento imprescindible en mi prosa, sea cual fuere el motivo que me lleve a escribirla. Hasta el sol de hoy confío en que la elocuencia sólo consiste en comunicarse de la forma menos intrincada posible.
Sin nada más que decirles, me despido de ustedes dejándoles cálidos saludos.