lunes, 22 de enero de 2007

RELEXIÓN: La noche.

Me encuentro recostado inmóvil sobre mi cama; a mi lado solo el ajetreado andar del ventilador intenta sin suerte romper este silencio; un postigo casualmente entreabierto de la ventana que da hacia la galería, deja filtrar la cálida brisa estival. Nada de eso logra inmutarme demasiado, ni siquiera los estremecedores maullidos felinos provenientes de algún pleito circundante.
Estoy ensimismado, sumido en un mar de pensamientos y palabras; hoy la bandera de mi fe está a media asta y me siento más lejos que nunca de aquella libertad tan ansiada. ¿Cómo puede un hombre ser esclavo de su propia conciencia?; retorno una y mil veces al punto y no consigo despejar las ideas; los incesantes vaivenes del recuerdo se pierden entre la redundancia de mi reflexión y solo llego tristemente a la sumisa conclusión de siempre: “puede que exista de algún modo aquel sendero viable hacia la verdad en esencia; aún así no me caben dudas de que trasciende los límites de la cordura, más no me interesa intentar atravesarlo de ninguna manera. Creo encontrar únicamente en el olvido la sana y legítima cura a todas las enfermedades del alma”.
Luego inclino mi cabeza hacia atrás, al tiempo que exhalo un largo y contenido suspiro de alivio, como quién siente haber cumplido con su deber. La luna –embriagada de melancolía- se rinde a los pies de los mas ínfimos rayos de sol naciente y yo, casi inconscientemente, volteo dándole la espalda a aquel nuevo día, invadido por una profunda somnolencia.
Sé que mañana, en uno de mis tantos idas y vueltas por el empedrado boulevard de la vida, algo me conmoverá quien sabe por qué; y para entonces sabré que cuando el sol se recueste sobre los matices del ocaso, llegará la noche dispuesta a ponerle fin a los agónicos clamores del espíritu. Solo ella, compañera de interminables desvelos, es capaz de llenarme de paz interior.



NOTA: El nombre del Blog surgió, en principio, a base de este texto. ¡Saludos!

Mis primeras líneas.

¡Hola a todos!. Tal cual lo dice el título, estas son mis primeras líneas y con ellas pretendo, entre otros propósitos tan implícitos como esenciales, hacerles llegar a ustedes los principales motivos por los cuales hoy me encuentro creando este nuevo espacio de difusión.
Fundamentalmente, fue porque de la noche a la mañana me sentí capaz de plasmar públicamente algunas ideas: esas que de a momentos encuentran fugaz reparo en mis pensamientos y después, sin pena ni gloria, se disipan entre los lapidarios muros del olvido sin dejar rastros. Quizás sea también porque creo que es el momento preciso para que salgan a la luz de una vez por todas aquellos viejos manuscritos, que yacen ansiosos entre la polvareda de algún cajón en desuso, o dispersos en algún recoveco perdido de la casa. Desde mi humilde lugar, solo trato de transmitirles a ustedes con miles de palabras lo que probablemente cualquiera puede expresar día a día soltando una ronrisa, o echando una mirada. Y más alla de lo que intente decirles, siempre sostendré a la simpleza como instrumento imprescindible en mi prosa, sea cual fuere el motivo que me lleve a escribirla. Hasta el sol de hoy confío en que la elocuencia sólo consiste en comunicarse de la forma menos intrincada posible.
Sin nada más que decirles, me despido de ustedes dejándoles cálidos saludos.